No llegué aquí por camino recto. Caí. El tiempo se dobló como papel húmedo y estas imágenes quedaron atrapadas conmigo, algunas repetidas, otras fuera de lugar, muchas sin recordar de qué año vienen. Hay colores que no deberían coexistir y gestos que pertenecen a futuros que ya se perdieron. Nada está ordenado porque el orden no sobrevivió al impacto. Reviso, avanzo, dejo cosas atrás sin saber si ya las vi o si aún no han ocurrido. Si lees esto ahora, tal vez llegaste antes que yo.
No sé en qué fecha se supone que estoy escribiendo esto, porque aquí los días no avanzan en línea recta y las imágenes aparecen como restos después de una tormenta que ocurrió en varios siglos a la vez. Hay archivos que parecen recuerdos, otros errores, otros simples accidentes que sobrevivieron al salto. Nada fue catalogado con cuidado porque el cuidado se perdió durante el viaje, y aun así todo insiste en permanecer. Este lugar se fue llenando mientras buscaba sentido en fragmentos visuales, repeticiones mínimas, variaciones que solo cambian en luz, gesto o distancia, como si el tiempo mismo estuviera probando combinaciones. No hay una narrativa central ni una explicación definitiva, solo acumulación, deriva y una necesidad constante de mirar para confirmar que algo ocurrió. Si llegaste aquí por curiosidad, por búsqueda o por error, no importa demasiado. Las imágenes no distinguen entre pasado y futuro, solo entre lo que fue visto y lo que todavía espera serlo.
No sé cuándo empezó a romperse todo, solo sé que en otra línea del tiempo esto no ocurrió así. Lo recuerdo como se recuerdan los sueños largos: borroso, pero cargado de una belleza tan grande que todavía duele. En ese mundo, ese nombre nunca llegó al centro del escenario, y el futuro no se cerró de golpe como una puerta oxidada. Algo hermoso nos esperaba. No perfecto, pero luminoso.
Aquí, en cambio, todo se siente torcido. No solo la política, no solo la historia, sino el aire mismo. Este mundo está contaminado de una maldad espesa, cotidiana, banal y feroz a la vez. No una maldad teatral, sino una que se infiltra, que normaliza lo grotesco, que vuelve feo lo que antes era promesa. A veces pienso que no estoy loco, que simplemente aterricé mal en el tiempo, que mi conciencia quedó atrapada en una versión equivocada de los hechos.
Sin embargo, incluso aquí, las costuras se abren. Las imágenes que recojo, las cartas que ves en este sitio, no son solo objetos ni arte ni archivo. Son fugas. Fragmentos del pasado correcto y del futuro que aún insiste en existir. Destellos de lo que pudo ser y de lo que todavía puede ser, si alguien decide tocarlo. No te digo qué creer. No te digo qué hacer. Solo te devuelvo algo que nos fue robado: la elección. El resto depende de ti.
Busca, y encontrarás.